Santo Domingo.- La noticia de que había fallecido en Caracas  el 15 de julio de 1876, a los 63 años, se conoció una semana más tarde en SD y a nadie inmutó.

Al igual que lo acontecido con muchos otros grandes hombres, Juan Pablo Duarte, de quien ahora se despliegan espacios en los medios y se publican numerosos libros exponiendo la grandeza de su obra patriótica al fundar la nacionalidad dominicana en base a indescriptibles sacrificios personales, familiares y sociales, murió lejos de la Patria amada, ignorado e irreconocido en su gestión precursora de una nacionalidad que no existiría sin su decisión.

Orlando Inoa, historiador y editor (Letra Gráfica) publica en el libro Duarte Revisitado,  editado por el Banco Central, un valiente ensayo sobre los últimos días del   patricio y sobre todo del escaso impacto y reconocimiento que tuvo su muerte. No fue sino hasta muchos años más tarde, alejados los aires de animosidad que alentaba el autoritarismo gobernante, cuando hubo oportunidad de ofrecerle el reconocimiento merecido y el lugar en la historia que finalmente ha tenido.

Los hechos

Inoa, en su trabajo titulado Juan Pablo Duarte. Su última batalla: Padre de la Patria, revela que éste murió en Caracas, Venezuela, el 15 de julio de 1876, cuando contaba con 63 años de edad, en un momento en que no se le reconocía como Padre de la Patria en ninguno de los países en que estuvo exiliado  por más de la mitad de su vida. Ni siquiera sus más cercanos amigos le reconocían como tal, indica Inoa, quien sostiene: “Estando aún vivo, su fama de prócer  de la independencia dominicana no estaba bien cimentada en la conciencia colectiva del pueblo que él condujo a su liberación”.

Indica que la situación fue resultado de su ausencia en la Puerta del Conde el 27 de Febrero de 1844, su pobre actuación en la Guerra Restauradora y su ausencia definitiva del país cuando la Patria se vio restaurada en 1965.

Dice que estos hechos conspiraron para que fuera reconocido en esos momentos.

“Para complicar más las cosas, en los ocho años que transcurrieron entre la Restauración y el primer gobierno liberal de Ignacio María González, no se dio respiro para pensar en la honra de los que fundaron la nación dominicana”, dice el historiador.

Añade que cuando llega la paz a la República Dominicana, en 1874, Duarte era ya un gran olvidado, a diferencia de lo ocurrido con Sánchez, afortunado por su participación militar en defensa de la Patria, atacada por España, desconocedora de la independencia proclamada en 1861 y quien terminó sacrificado por órdenes de Santana en El Cercado.

“Duarte no estuvo en el escenario de los hechos al proclamarse la primera independencia  dominicana y el protagonismo fue asumido por Francisco del Rosario Sánchez, pretexto que sirvió más tarde para regatear a Duarte la gloria de ser la figura eximia de aquel acontecimiento”, afirma Inoa.

Recuerda que durante la segunda independencia, Duarte  hizo un intento de colaboración, que fue desestimada de forma descortés, para surgir entonces una camada de nuevos patriotas, cuya figura cimera es la de Gregorio Luperón. “Este nuevo escenario fue extraño para Duarte, quien permaneció opacado en el exilio”.

Apunta que la euforia por celebrar la Restauración opacó a los hombres del 1844.

Un Apunte

Duarte Revisitado


El libro, que edita el Banco Central, contiene  cinco ensayos escritos por Juan Daniel Balcácer, José Chez Checo, Jorge Tena Reyes, Orlando Inoa y José Miguel Soto Jiménez, y que no presenta introducción alguna, permite conocer el correo de Duarte como fuente primaria de información (J. D. Balcácer); el enfoque de Duarte y la Independencia Plena (José Chez Checo) y el Duarte de carne y huezo (José Miguel Soto Jiménez), en un trabajo editorial que toma el pulso nacional en torno al bicentenario del nacimiento de Duarte, casi coincidencialmente con la fecha de su nacimiento. El libro forma parte de la colección  del Banco Central de la República Dominicana, y es editado por su Departamento Cultural.

Fuente: José Rafael Sosa
 
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